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1227. Jueves, 7 agosto, 2008

 
Capítulo Milésimo ducentésimo vigésimo séptimo: "Para salir adelante con todo, mejor que crear afectos, es crear intereses." (Francisco VI, duque de La Rochefoucauld, 1613-1680; filósofo y moralista francés.)

Un verano de ideas prácticas selección oro. Hoy: cómo hacer que en España los católicos (y hasta los no católicos) vuelvan a asistir a misa.

Aunque Jesús pidió a los Apóstoles que, en recuerdo suyo, se siguieran reuniendo a cenar para así cada vez que comieran el pan, comerían su cuerpo, y cuando bebiesen el vino, beberían su sangre (lo que se conoce como transubstanciación), los altos mandamases de la Iglesia decidieron, a mediados del siglo XVIII, acabar con la costumbre de ofrecer vino a los fieles que asistían a cada eucaristía.

La razón que les llevó a tomar tan drástica decisión (desobedeciendo el mandato de su jefe), la explica Charles Panati en “Los orígenes sagrados de las cosas profundas”:
En el siglo XVIII se prescindió de la copa comunal de vino en muchas iglesias. Y no por temor a la trasmisión de enfermedades, dado que aún no existan conceptos como el de "bacteria", sino porque los tejidos se estaban haciendo muy costosos y las manchas de vino eran imposibles de limpiar”.
Dicho lo cual, y teniendo en cuenta lo que ha avanzado la humanidad en cuestión de quitamanchas y el abaratamiento que -gracias a los chinos- ha sufrido todo lo que tenga que ver con la cosa textil, no estaría de más que volvieran a retomar la tradicional costumbre de ofrecer una copita de vino a cada uno de los participantes en sus celebraciones.

Teniendo en cuenta la afición española a tomarse unos vinitos los domingos por la mañana, cuelgan el cartel de completo en cuanto se corra la voz. Fijo.