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1288. Miércoles, 5 noviembre, 2008

 
Capítulo Milésimo ducentésimo octogésimo octavo: "Allí donde el mando es codiciado y disputado no puede haber buen gobierno ni reinará la concordia" (Platón, 427 a. C.-347 a. C.; filósofo griego)

Cuenta el autor de Dilbert, el mismo que considera jefe perfecto sólo a aquel que muere de muerte natural un jueves por la tarde, la historia de un moderno ejecutivo que compró ordenadores portátiles para que los empleados de la empresa los utilizaran cada vez que fueran de viaje. Pero este jefe pensó que cualquiera podía afanar aquel valioso material con la consiguiente pérdida económica para la empresa. Solución: encadenar los portátiles a las mesas de los despachos para así evitar los posibles robos.

Ya sé que para la psicología moderna el solo hecho de plantearse que todos los jefes son idiotas se basa en un deseo de vengarse de la autoridad y del poder establecido -aunque yo, particularmente, creo que es simple envidia cochina- pero, y partiendo de que el amplio muestrario de estupidez humana que pulula por los círculos laborales no entiende de cargos.. ¿a que da la ligera impresión de que para llegar a jefe -al menos en la cosa pública- uno tiene que ser un poco tonto?