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1305. Martes, 2 diciembre, 2008

 
Capítulo Milésimo tricentésimo quinto: "Preveo la desaparición del canibalismo. El hombre está asqueado del hombre". (Stanislaw Jerzy Lec 1909-1966; poeta polaco)

Basta echar un vistazo estos días (y los que nos quedan) por el centro de cualquier ciudad para darse cuenta que la Navidad es una locura colectiva. Y no lo digo en plan metafórico: cada vez estoy más convencido de que, llegando diciembre, se nos sueltan unos cuantos cables dentro de la mollera y necesitamos urgentemente alguien que nos arregle el desbarajuste.

Observando el hormiguero de gente entrando y saliendo de las tiendas, da la sensación de que son muchos los que tienen como mascota a una gallina que les pone huevos de oro cada noche; el panorama de gente transportando paquetes y bolsas es lo más parecido a esas imágenes de los telediarios en que la población hace acopio de víveres para afrontar el paso de un huracán; paseando por cualquier calle comercial uno tienen la impresión de estar viviendo en una de esas monarquías petrolíferas donde todos están forrados y ya no saben en qué gastarse el dinero. Hacer regalos con moderación (y criterio) es agradable; pero llevado a los extremos grotescos en que lo estamos haciendo empieza a dar un poco de dentera.

Además, en Navidad, sucede otra cosa que me tiene desconcertado, y no me estoy refiriendo a la clonación en cada esquina de un Santa Claus (alguien debería explicar que no es él quien nace cada Navidad) sino por lo extraño que se vuelve el personal en esta época. Gente que en otro momento del año se harían los miopes o los distraídos para no saludarte, que no pararían ni para recogerte de la cuneta nevada de una carretera secundaria (aunque estuviera anocheciendo y se escuchara, de fondo, el aullido de los lobos), ahora te da dos besos y te desea prosperidad y felicidad. Tengo un amigo que mantiene la teoría de que todas esas criaturas súbita y aterradoramente simpáticas han salido de la ornamentación callejera con la que todos los ayuntamientos se empeñan en obsequiarnos llegadas estas fechas. Dice que el día que vea la película “La invasión de los ladrones de ultracuerpos” sabré con exactitud a que se refiere.