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1306. Miércoles, 3 diciembre, 2008

 
Capítulo Milésimo tricentésimo sexto: "Meter la psicología en todo es carecer de psicología". (Henri Michaux, 1899 - 1984; poeta y pintor francés)

Reconozco que una parte de mi total animadversión a los psicólogos es visceral. Pero también es verdad que cada vez voy encontrando más razones para poder justificar esa animadversión de una forma lógica.

Con el paso del tiempo, no sólo me he convencido de lo inútil que es perder el tiempo en la consulta de uno de estos profesionales -por muy cargado de masters que tenga su currículo-, sino que cada vez estoy más seguro de que, escondidos tras las tareas más dispares, hay gente con un talento asombroso en el (para mi imposible) arte de escuchar a los demás, de comprenderles y de orientarles.

En un taxi, detrás de la barra de un bar, conduciendo una furgoneta o simplemente sentado en un banco del parque... cualquier sitio es bueno. Lo difícil es dar con la persona adecuada. Pero hay gente con un talento natural para detectar el estado de ánimo de los demás, para lograr que desembuchen sus problemas alrededor, por ejemplo, de una taza de café y para ayudar a resolver unos conflictos que la mayor parte de las veces no serían tales si la empatía, una cualidad que nada tienen que ver con la inteligencia de cada uno, nos funcionara como debiera. Aunque sólo fuera de vez en cuando.