. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

1315. Miércoles, 17 diciembre, 2008

 
Capítulo Milésimo tricentésimo decimoquinto: "Un paraíso del que no se puede salir es un infierno" (Armando Fuentes Aguirre, 1938; escritor mejicano)

Paseo por blogs sin orden ni rumbo “¿Qué leéis, monseñor?” preguntaba Polonio a Hamlet. “Palabras, palabras, palabras" contestaba. Palabras; es decir, nada; es decir, todo. Y siglos más tarde, uno de esos grandes escritores oscuros que jamás serán populares, quizá porque ha cometido el imperdonable delito de escrutar en el fondo de la caja de Pandora, Jean Paulhan, se atrevía a declarar en uno de sus libros raros “Todo se ha dicho. Sin duda. Si las palabras no hubieran cambiado de sentido; y el sentido de palabras”.

Admito que leo pocos blogs, cada vez menos, pero es que no me gusta el gris de la mayoría de ellos. No es fácil encontrar otros tonos, otros colores en la paleta inmensa de millones de palabras que, escritas por millones de dedos, significan cosas tan diferentes. Es posible que, como pretendía Huxley en “Un mundo feliz”, las palabras puedan parecerse a los rayos equis porque si son empleados convenientemente atraviesan cualquier obstáculo. Pero ¿cómo estar seguros de que millones de dedos las han empleado convenientemente? Hemos avanzado tanto, a través de los siglos, por esa selva de signos sonoros o escritos que es el lenguaje, que utilizando los mismos sólo conseguiremos eludir la verdad, puesto que cada uno los utilizará de diferente manera.

Sospecho, no me atrevo a asegurarlo, que ya es imposible describir verdad alguna en esta telaraña de redes.