. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

1361. Jueves, 5 marzo, 2009

 
Capítulo Milésimo tricentésimo sexagésimo primero: "Una lengua aguda es el único instrumento de corte que se afila por el uso corriente" (Washington Irving, 1783-1859; escritor estadounidense)

Cuenta el libro bíblico de los Números que, para que los israelitas no olvidaran los favores concedidos, se les colocaron cintas de color azul en los mantos. De ahí derivó la creencia de que una cinta azul remediaba ciertos males y otorgaba protección. Por eso, y en calidad de talismán, durante siglos se ha colocado algo azul en los ropajes de los bebés del sexo que (digan lo que digan) siempre ha sido el más deseado: los varones.

En cambio el uso del tono rosa para las niñas es mucho más reciente. Se refiere a la leyenda que asegura que las niñas son flores que nacen bajo los pétalos de las rosas, asociando dichas flores con Venus, la diosa del amor, por su hermosura y su dulce olor, cualidades atribuibles a las niñas recién nacidas.

Hablando de colores está claro quien ha pintado más (y quien ha sido considerado un mero adorno) en la historia de la humanidad.

Dicho lo cual, y ante los más que previsibles insultos hacia mi misoginia crónica (qué fácil es meterse con un enfermo... pero qué fácil) que podrían desatarse ante cualquier comentario adicional por mi parte sobre tan curiosa y colorida historia, casi mejor lo dejo aquí.