. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

1382. Miércoles, 15 abril, 2009

 
Capítulo Milésimo tricentésimo octogésimo segundo: “¿Qué puede haber imprevisto para el que nada ha previsto?" (Paul Ambroise Valéry, 1871-1945; escritor francés)

Ya hace algunas temporadas, y utilizando un balón con un chichón como imagen, los jugadores de la liga inglesa de fútbol colaboraron en una campaña de sensibilización sobre el cáncer testicular. Era una cuestión de pelotas donde todo quedaba en casa.

Y es que, el cáncer testicular no es para tomárselo a broma. Es uno de los más habituales en los varones menores de cuarenta años y, sobre todo, uno de los que presentan mejor curación si existe un diagnóstico precoz, por lo que es imprescindible que todo hijo de vecino dotado de estos preciados apéndices se someta, aparte de a las habituales revisiones, a una autoexploración tan frecuente de la zona en cuestión como crea conveniente para que al más mínimo bulto o quiste, acuda al médico.

Dicho lo cual, señores jefes, sepan que durante el horario laboral no nos estamos tocando los huevos por gusto sino que seguimos las recomendaciones de las autoridades sanitarias... por salud. A ver si se enteran de una vez. La salud es lo primero. Siempre.