. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

1384. Viernes, 17 abril, 2009

 
Capítulo Milésimo tricentésimo octogésimo cuarto: "Si sientes en tu interior un ruido que te susurra, es....o que has logrado comunicarte con tu alma o que tienes hambre" (Charlize Theron, 1975; actriz sudafricana)

Hay que reconocer que, al menos en lo tocante a copulaciones y similares, los responsables de la creación no se portaron mal del todo mal con la especie humana en el reparto de (algunos) bienes.

Sin ir más lejos ahí están los elefantes. Vale, tendrán mucha memoria, mucha trompa y unos colmillos perfectos para hacer adornos horteras, pero luego van y resulta que sólo copulan una vez cada cuatro años. Y si además tenemos en cuenta que el periodo de la elefanta en celo dura sólo seis días, hay que reconocer que su existencia, al menos en cuestión de revolcones eróticoplacenteros, es más bien triste. Muy triste.

O no, claro. Bien mirado, ¡la de preocupaciones que se tiene uno que ahorrar sabiendo que sólo va a hacer uso del fornicio una vez cada cuatro años!... Y sobre todo, ¡con qué ganas tienes que agarrar el tema cuando te toque!

Luego dirán que es imposible poder sacar algo positivo de una situación absolutamente desesperada. Pues se puede, se puede... que más desesperada que estar cuatro años sin, no sé yo...