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1402. Jueves, 14 mayo, 2009

 
Capítulo Milésimo cuadringentésimo segundo: "Nadie prueba la profundidad del río con ambos pies" (Proverbio albanés)

Contra el criterio de los que (todavía) no lo son, nosotros, los viejos (siendo benevolente tal y como está el patio todos los que bordeamos -a un lado o a otro- los cuarenta), no es que tengamos las cosas más claras que los (por ahora) jóvenes, lo único que no tenemos es ganas de discutir.

Las discusiones, cuando pasan los años, fatigan, y uno llega a una edad en la que, salvo algunas (muy, muy pocas) de esas cosas que sabes que nunca vas a admitir (lo que no quiere decir que no las haya hecho, haga o piense hacerlas), lo acaba llevado todo al terreno de la relatividad.

Un planteamiento al que estoy abonado y del que cada vez estoy más satisfecho. Las infinitas posibilidades que en cualquier discusión sobre cualquier tema abre un "sí.. pero no" o un "no.. pero sí" sin ni siquiera romper el principio aristotélico de la no contradicción, y que tan lejos está de las pontificaciones absolutas que solíamos perorar cuando éramos (más) jóvenes, está sido una de las pocas compensaciones que me proporciona el exceso de edad. Y para pocas cosas buenas que tiene, no pienso renunciar a ella.

Hasta el lunes pues, que mañana es San Isidro.