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1407. Viernes, 22 mayo, 2009

 
Capítulo Milésimo cuadringentésimo séptimo: "Queremos ser más felices que los demás, y eso es dificilísimo, porque siempre les imaginamos mucho más felices de lo que son en realidad" (Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, 1689 - 1755; político francés)

En China un hombre ha decidido casarse consigo mismo. Para que quedara clara su intención se presentó a la boda con una muñeca de tamaño natural vestida para la ocasión, pero con su cara, con la de él, con la del novio. En la ceremonia, a la que asistieron más de cien invitados, el contrayente explicaba su decisión: "Hay muchas razones para casarme conmigo, pero sobre todo lo hago para mostrar mi insatisfacción con la realidad que nos ha tocado. Este matrimonio me reintegra en un todo". La noticia puede sonar rara, sin embargo, no hace falta rascar mucho para darse cuenta que el hombre no anda mal encaminado.

No vamos a filosofar aquí y ahora sobre qué es amor, pero cualquier definición por cursi y sosa que sea, (y en la que siempre aparecerán conceptos como sacrificio, entrega, amistad, confianza, intimidad, afinidad...) puede aplicarse perfectamente a uno mismo. El hecho de que nadie te va a conocer mejor y nunca vas a conocer a nadie mejor, es toda una garantía a la hora de establecer un proyecto de futuro tan complicado y tan arriesgado como es la convivencia en un matrimonio.

Y en cuanto al sexo (por recurrir al tópico de que si por algo nos caracterizamos es por estar todo el santo día con la líbido por las nubes... y porque además hoy es viernes y ya toca -hablar de-) poca ilustración hace falta. Todos sabemos que por muy bien que cumpla alguien ajeno después de la fogosidad inicial de la tercera vez, quien más y quien menos acaba volviéndose a uno mismo para retomar, aprovechando que son pocos los que lo consideran traición (y aunque sea sólo de vez en cuando), aquello que Oliveira, el protagonista de Rayuela, definía como “un arte menor al lado del otro, pero de todos modos con su tiempo, acción y lugar, y demás retóricas”.

Un arte menor que suele ser el complemento perfecto del mayor a la hora de hacernos la vida un poco más agradable. Que a falta de pan... Hasta el lunes.