. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

1411. Jueves, 28 mayo, 2009

 
Capítulo Milésimo cuadringentésimo undécimo: "Detrás de cada cursi siempre se oculta un canalla o un embustero" (Carlos Castilla del Pino, 1922 - 2009; psiquiatra español)

El otro día leí la crítica de un pavo animando a sus lectores a probar cierta exquisitez que, recién incluida en la carta de un famoso restaurante, pasaba por ser el sándwich más caro que hasta ahora se había creado.

Será cosa de la costumbre, pero preferir dos trozos de pan de molde, por muy relleno que esté de buey de kobe, trufa blanca, jamón de Jabugo, pollo negro francés y mayonesa casera (eso sí, con nombre propio - platinum club sandwich- y a 150 euros la pieza) a un bocadillo de calamares de (casi) cualquier bar de barrio (sin nombre y a 1,95 euros) es como preferir un Ferrari a un burro.

Parece que algunos hemos nacido para pobres.