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1454. Jueves, 3 septiembre, 2009

 
Capítulo Milésimo cuadringentésimo quincuagésimo cuarto: " La rueda es un invento estúpido, el inteligente fue el que inventó las otras tres” (Marcial F. 69 años, jubilado )

Más observaciones psicofilosóficas (profundas) a las que uno se entrega en vacaciones. Estás tumbado en el sofá (por cierto, que el que inventó el sofá lo hizo para que se tumbara uno –dos máximo- y no para que vinieran veinte a sentarse, a ver si se entera el personal), estás tumbado en el sofá decía, y te das cuentas que la zapatilla, la de andar por casa, la de siempre, la que compras en el mercadillo de toda la vida (la que usas normalmente, cooooño), está colgando del pie a punto de caerse. Justo ahí empieza la gran duda existencial: ¿le das al susodicho (oseasé al pie) un golpe seco hacia arriba para intentar meterla?... ¿o la tiras directamente al suelo?

La decisión no es fácil ya que depende de múltiples variables que van desde la temperatura ambiente del momento hasta el grado de modorra que te este abduciendo. Al principio optas –mayoritariamente- por la primera opción, un golpe seco y la zapatilla se te vuelva a colocar en su sitio. Sin embargo, no han pasado ni tres minutos y la zapatilla, que parece tener vida propia, vuelve a la carga. Un segundo golpe y la vuelves a colocar... pero a la tercera, y pensando que si algo no se puede permitir uno en vacaciones son agujetas en los pies, desistes y la tiras al suelo, acompañada ¡por supuesto! de la del otro pie, que, aunque no se estaba cayendo, se impone la lógica: no te vas a quedar una sí y otra no.

Al final, lo único que consigues es tener los pies fríos y pensar lo poco que ha avanzado la humanidad a la hora de solucionar los problemas más comunes por muy simples que sean.