. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

1462. Martes, 15 septiembre, 2009

 
Capítulo Milésimo cuadringentésimo sexagésimo segundo: "Las mujeres se quejan por tener el síndrome premenstrual una vez al mes, los hombres tenemos el síndrome predesayuno cinco veces a la semana y no armamos tanto". (Jose Arsenio Fernández, 32 años, funcionario)

Les han cambiado el nombre y ahora en vez de autobús, autocar o coche de línea, los llaman autopullman express de lujo (mínimo), pero lo que no han cambiado en ellos ha sido esa pantalla minúscula que llevan incorporada y en la que pretenden que veamos las películas de vídeo.

Aparte de que más allá de la fila tres es imposible ver nada, estaba yo pensando la manía tan tonta que tienen los fabricantes de autobuses (perdón, quería decir de autopullmans express de lujo) de hacer las pantalla de televisión que llevan, con ese material especial cuya mayor propiedad es captar cualquier rayo de luz que haya en el autocar (perdón, en el autopullman express de lujo) y reflejarlo en ella para que no veas nada.

Caprichos tontos los de estos señores.