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1466. Lunes, 21 septiembre, 2009

 
Capítulo Milésimo cuadringentésimo sexagésimo sexto: "Hasta que me liberé de mis hermanos mayores y empecé el cole, creía que me llamaba "cállate". (Rodney Dangerfield, 1921-2004; actor estadounidense)

Una de las situaciones más tensas que se producen entre dos seres humanos, sobre todo si son seres humanos hombres, ocurre en los lavabos/baños y/o servicios de los centros de trabajo. Por más cuidado que le pongas, por más que busques la hora en la que se supone que no va a entrar nadie, pocas veces te librarás de salir del retrete y encontrarte con algún compañero que, haciendo como que se lava las manos, lanzará miraditas con retranca para hacerte notar que ha escuchado los sonidos varios que suelen acompañar a los ejercicios intestinales que acabas de realizar.

Hoy, en peluche práctico, una idea para evitar -en la medida de lo posible- que esos ruidos evacuatorios, (que tan a gusto nos dejan y a los que no queremos ni debemos renunciar durante nuestro horario laboral) puedan ser escuchados por compañeros fisgones.

Muy simple, cogemos el rollo de papel del culo haciendo una bola (con el papel, no con el rollo) del tamaño que uno pueda prever (según necesidad y experiencia pero teniendo siempre en cuenta que el papel lo paga el centro de trabajo... por lo que conviene no ser rácanos) y la colocaremos en el fondo, con el fin de que, cuando caiga el monigote lo haga sobre blandito, amortiguando la caída y evitando así los incómodos ruidos.

Ah, y un valor añadido: de paso evitaremos que al caer nos acabe salpicando... que hay veces que... en fin.