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1488. Jueves, 22 octubre, 2009

 
Capítulo Milésimo cuadringentésimo octogésimo octavo: "Nuestra vida es nuestra gran depresión" (Eduard Norton en El club de la lucha; David Fincher, 1990)

Hay gente sacrificada que persigue un fin durante toda su vida. Gente que lucha desesperadamente por su meta, esa meta final que un cierto día se propuso conseguir y que bajo ningún concepto querría dejar de cumplir. Gente admirable que pelea por un sueño.

Gente como el general francés De Condé, que, en 1693, logró, por fin, hacer realidad su máxima ambición, un reto que poco tenía que ver con la dura política o con los crueles campos de batalla: se había propuesto hacer el amor 12 veces seguidas en una noche. Y lo consiguió.

Para conmemorar este gran acontecimiento, del que se hicieron eco todos los miembros y miembras de la corte de Versalles, se hizo bordar en todas las camisas, accesorios y hasta en la ropa de sus criados, el número 12.

De Condé, un hombre orgulloso de verdad, un hombre con la satisfacción del deber cumplido, un hombre feliz por alcanzar sus objetivos después de un agotador esfuerzo. Un self-man como dios manda.

Que no todos, y no será por ganas, podemos decir lo mismo.