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1506. Miércoles, 18 noviembre, 2009

 
Capítulo Milésimo quingentésimo sexto: “¿Por qué cuando uno tiene una herida en la boca no puede dejar de tocársela con la lengua?” (Abel M. 23 años estudiante)

Reconozco jugar con ventaja en todo lo que tiene que ver con eso que llaman la moral y las buenas costumbre. Por un lado mi educación, completamente laica y bastante libertaria -por no decir gamberra-, hace que mis prejuicios en ese campo queden reducidos a la mínima expresión... pero muy mínima, muy mínima.

Pero por otro (y por si acaso, que uno es de ciencias y le enseñaron a no fiarse de nada) estoy emparentado, por línea directa !y además doble! con Dios, mi tío, que para eso dos de mis tías se casaron con él. Y (al menos por ahora) para toda la vida.

Por eso, digo yo, que ante una situación de emergencia y llegado el momento, mal ha de ser que por esos reinos divinos donde todo es bondad y tal, no funcione un mínimo de endogamia ("enchufe" para los de la f.p.) y, en caso de apuro, mis amadísimas tías no hablen con su esposo para buscarme algún acomodo en algún rinconcito celestial. Que lo del infierno está bien para pasar un rato, pero a lo mejor para toda la eternidad acaba resultando algo cansino.