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1507. Jueves, 19 noviembre, 2009

 
Capítulo Milésimo quingentésimo séptimo: “Mucho “todos somos iguales”, mucho “todos somos iguales”, pero luego llega un negro, se baja los pantalones y te deja por mentiroso”. (Pedro H. 27 años, operario)

Acostumbrados a que los hombres se vanaglorien de sus (presuntas) cuestiones genitocoitales, pocas veces hablamos de lo que les gusta presumir en otros temas igual de importantes para la fisiología humana. Reunión de tíos, siempre hay uno que sale del retrete fanfarroneado “buffff que a gusto he quedado, eso sí, no entréis en por lo menos una hora”. Algo que no impedirá –más bien animará- a otro de lo reunidos a salir corriendo para meter la cabeza y sacarla echando pestes diciendo - mientras sacude la mano- "¡hala, qué cabrón... comerá flores pero caga mierda!"

En esto, las mujeres, por mucho que se empeñen en ser iguales, todavía no han conseguido llegar a un grado de sofisticación semejante.