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1515. Martes, 1 diciembre, 2009

 
Capítulo Milésimo quingentésimo decimoquinto: “La tinta más pobre de color vale más que la mejor memoria”. (Proverbio sueco)

Al final la verdad triunfa. Resulta que mis habituales problemas para venir al trabajo (a "trabajar" ya uno ni se lo plantea) no estaban causados –como siempre me habían hecho pensar- por ser un holgazán redomado y un vago sin remedio, no. Es que soy clinómano.

Hola, me llamo Peluche y soy clinómano.

Después de los correspondientes estudios clínicos, innumerables pruebas de laboratorio, búsqueda de posibles antecedentes y un detallado diagnostico diferencial con otras enfermedades que un servidor pudiera (o pudiese) padecer (entre ellas la kirstakosteoepsomanía, - tendencia a retorcerse constantemente el bigote-, la ganomanía, -obsesión por contraer matrimonio- o la ginecomanía, -deseo sexual insaciable por una mujer-) ya tengo un diagnóstico claro: padezco clinomania, enfermedad crónica caracterizada por un solo síntoma: la inclinación o afición exagerada a permanecer en la cama o en decúbito horizontal.


Ahora a ser bueno y a cumplir escrupulosamente el correspondiente tratamiento que, como en todas las enfermedades de este tipo, será largo, muy largo, y de evolución muy, pero que muy lenta.

Hasta la jubilación. Por lo menos.