. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

1830. Jueves, 26 mayo, 2011

 
Capítulo Milésimo octingentésimo trigésimo: "La petición es cálida, el agradecimiento es frío. (Proverbio alemán)

El niño miró a su padre con displicencia, a su madre con sorna y con desprecio al mundo. Escupió en dirección al mantel que había cubierto la mesa durante tres generaciones. Todos bajaron la vista respetuosamente. Y el niño pasó con cruel majestad entre sus súbditos voluntarios para sentarse en el sillón que el padre había abandonado precipitadamente: la última vez que se descuidó una patada en la espinilla le recordó quién era el rey de la casa.

- Ezta sopa es un azco. No guta. ¡Quiero pizza!

Y se retiró a sus aposentos a descabezar muñecos, destripar coches y machacar a los guerreros del último juego de la wii mientras la madre, angustiada por haberle llevado la contraria de aquella cruel manera a su hijo, buscaba ansiosa el número del telepizza.