. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

1834. Miércoles, 1 junio, 2011

 
Capítulo Milésimo octingentésimo trigésimo cuarto: “Con dinero podrás conseguirlo todo, excepto la pobreza.” (Proverbio andorrano)

"Al pasar la barca, me dijo el barquero: Las niñas bonitas no pagan dinero".

Pasemos por alto la falta de humildad que supone para la autora el pregonarse como niña bonita, pasémoslo por alto porque lo verdaderamente grave viene después: ¿Cómo es que las niñas bonitas no pagan dinero? De eso ni hablar, aquí todos somos iguales, o todos moros o todos cristianos. El hecho de que no pagaran las mujeres, ya sería de por sí un disparate que debe estar erradicado en estos tiempos de igualdad de derechos, pero el que sólo estén libres de pago las niñas bonitas es algo que clama al cielo. Estamos ante un caso típico de consideración de la mujer como objeto, y de calificar la valía de la misma según su belleza física en vez de por su inteligencia o su dedicación al trabajo.

Por otro lado, el barquero está dañando los intereses de la empresa, caso de que sea un asalariado, o, caso de ser un trabajador autónomo, el de sus colegas, que no pueden permitirse el lujo de invitar a las chicas a un paseo en barca.

Para colmo, la protagonista se siente halagada, cuando lo que debía de haber hecho era haber llamado sinvergüenza al ligón del barquero y, tras la correspondiente denuncia, haber cruzado el rio a nado, que de todos es conocido las grandes ventajas de hacer deporte y más concretamente lo bien que viene la natación para la espalda. Que lo dicen todos los médicos.