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1878. Miércoles, 14 septiembre, 2011

 
Capítulo Milésimo octingentésimo septuagésimo octavo: "Un sueño es una escritura, y muchas escrituras no son más que un sueño” (Umberto Eco, 1932, filósofo italiano)

Un funcionario, cuyos jefes prefieren que su nombre siga en el anonimato, después de sufrir una delicadísima operación quirúrgica en la que le extirparon las tres cuartas partes del cerebro y las nueve décimas partes de sus ahorros, sigue atendiendo perfectamente sus asuntos de despacho: comenta con gran lucidez los partidos de fútbol todas las semanas, conoce todos los chismes del departamento, rechaza impecablemente cualquier consulta que le haga el contribuyente de turno mediante el sistema de darle cita para dentro de seis meses (a ver si para entonces ya se le ha olvidado), sigue siendo capaz de desayunar tres veces al día en el espacio que le queda libre entre las llamadas a sus amigos y ver los últimos videos del youtube, y llena un razonable número de quinielas sin que hasta la fecha haya conseguido acertar más de los habituales resultados de antes de la operación.

En vista de lo cual la superioridad ha suspendido la decisión de disminuirle los honorarios en función de las neuronas extirpadas, una noticia que ha sido acogida favorablemente por el resto de funcionarios del citado departamento, cuyos jefes prefieren que su nombre siga también en el anonimato.

Funcionarios, una raza aparte de gente muy especial que, como les ocurre a los políticos a los toreros, a las ratas o a las cucarachas, tienen como rasgo común su extraordinaria capacidad de adaptación.