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1904. Viernes, 21 octubre, 2011

 
Capítulo Milésimo noningentésimo cuarto: "¿Quieres mirar la lavadora conmigo?" (María Dolores Lozano, 48 años, portera con aspiraciones de vicepresidenta ejecutiva)

En cuestiones de sexo cada maestrillo tiene su librillo. Nadie sabe mejor los gustos y disgustos a desarrollar mientras se realiza tan agradable tarea que los participantes en la misma. De todas formas, nunca está de más echar un vistazo a alguna de las infinitas películas que existen sobre el tema, aunque sólo sea para coger alguna que otra idea de esas que -más tarde que pronto- uno podría llegar a poner en práctica.

Pues estaba yo ensimismado con tan educativa labor, cuando en una de las escenas de la película (cuyo título era algo así como El indecente ladrón y su rabo juguetón, aunque no suelo quedarme mucho con los créditos..) sus dos protagonistas (tampoco me quedo yo mucho son sus nombres..) se subían encima de una lavadora y, aprovechado que debía de estar puesta en un programa para ropa no delicada de color y con el doble centrífugado a punto de empezar, beneficiarse de las mil revoluciones por minuto de la maquinita hasta dejar los azulejos de la cocina, entre otras cosas, completamente perdidos.

Yo algo ya había oído del asunto, pero claro no es lo mismo que te lo cuenten por ahí a que unos señores expertos en la materia te hagan la demostración práctica, mostrándote, además, absolutamente todo. En estos casos la profesionalidad es muy importante.

Bueno, a ver, que me estoy dispersando. Lo que yo quería hoy era protestar. Primero porque la lavadora de mí casa está empotrada. Un problema del que, es verdad, nadie tiene la culpa y que, no obstante, se podría solucionar de una forma relativamente fácil, bien echando un poquito de agua en los baldosines para que se deslice mejor sobre ellos y salga poco a poco, o (y si se puede elegiremos esta segunda opción, sin duda la mejor) eligiendo para el experimento a un cachas que te la saque (la lavadora).

Pero por lo que de verdad quiero protestar es por la manía que les ha entrado a todos los fabricantes de estos trastos por subirles las revoluciones -algo que en principio nos beneficia- pero quitándoles lo que es, sin duda, el meollo de la cuestión aquí: sus vibraciones. ¡Pero si hasta presumen de que un niño puede quedarse dormido encima de una de ellas mientras centrifuga! Así no hay manera.

De todas formas espero que alguno por aquí de ustedes/vosotros tenga una lavadora como dios manda y pueda escribirme algún comentario contándome si la cosa merece, o no, la pena. Y ya de paso darles un toque de atención a los que hacen este tipo de películas para que se pongan las pilas y actualicen un poco sus herramientas. El cine, como cultura que es, tiene que ser también útil.

Hasta el lunes pues.