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1920. Jueves, 17 noviembre, 2011

 
Capítulo Milésimo noningentésimo vigésimo: " Los ingleses y los norteamericanos están separados irremediablemente por el mismo idioma” (George Bernard Shaw, 1856 - 1950; escritor irlandés)

El primer embajador británico destinado a Pekín llegó en su barco, allá por el siglo diez y siete o diez y ocho, a la desembocadura del rio que conducía a la entonces capital imperial china y unos funcionarios imperiales (también) subieron a bordo y le pusieron unos letreros en ideogramas chinos en la proa. El embajador no dijo nada por eso de que lo que no se entiende mejor dejarlo correr. Hasta que le mosquearon las muchedumbres enardecidas que no dejaban de vitorear su barco rio arriba. Fue y mandó llamar a un intérprete y le dijo que se lo tradujera. No quería decir nada malo, lo que se dice malo, sólo esto: "bárbaro del Norte que viene a pagar tributo".

Como el erario chino andaba mal por entonces (!cómo han cambiado los tiempos!) e Inglaterra por el contrario tenía más dinero del que necesitaba (!cómo han cambiado los tiempos!) no es de extrañar que tanto contribuyente amarillo fuese a vitorear el barco del pagano (pagano, ciertamente) en cuestión y que el embajador, por aquello de no desairarlos, pagara religiosamente los famosos tributos.

Ahora, en cambio, son las hordas de europeos las que vitorean a los asiáticos que llegan tapizados de dinero. Lo malo es que ahora vienen con los idiomas perfectamente aprendidos y no se dejan engañar tan fácilmente como nos engañaban a nosotros. Así, mientras nos reímos con esa superioridad europea tan civilizada de su acento, ellos a lo suyo. Hacen bien.