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1941. Lunes, 9 enero, 2012

 
Capítulo Milésimo noningentésimo cuadragésimo primero: "Me gustaría morir a los 104 años, completamente sano, asesinado por un marido que me acabara de pillar, in fraganti, con su joven esposa" (Billy Wilder, 1906-2002; director de cine)

Por mi parte he tratado de cumplir con todos los preceptos para pasar unas santas y felices Pascuas. Como todos los años, unas bandadas de niños nos anunciaron su llegada cantando el gordo de la lotería que salió muy repartido entre sanos, honestos y muy necesitados trabajadores; como todos los años, el Niño nació en el portal de Belén rodeado de peces que beben y beben y volvieron a beber; como todos los años, comenzó uno más conduciendo los pellejos de las uvas de un carrillo a otro durante más de media hora; como todos los años, ilustres damas montaron un puchero colectivo en plan lejía lavaconciencias mientras algunos de sus hijos indignados aparcaban su protesta hasta que los rayos del sol hagan que se esté mejor en la calle que en casa jugando con la wii; y, como todos los años, los Reyes Magos dejaron un cargamento de cosas inútiles que para eso, a pesar de estar en crisis, ya tenemos de todo.

Vamos, que todo ha funcionado según el prospecto de mano. Y uno, como todos los años para celebrar las fiestas santamente, se ha pasado quince días dándole la razón a todo el que le decía algo (son tiempos de paz) tirado en el sofá comiendo mazapán, turrón y polvorones de acreditada marca blanca, y se ha levantado cada media hora a beber agua para que el ladrillo fraguara en el estómago. Aunque no ha habido forma.

Como todos los años, he vuelto. Y tal y como están las cosas, que no falte.