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1972. Martes, 21 febrero, 2012

 
Capítulo Milésimo noningentésimo septuagésimo segundo: "Si crees tener sangre azul sólo puedes ser dos cosas: cangrejo o ahorcado”. (Felipe B. 43 años, parado)

Veamos. Si la vida es un juego del parchís, la sociedad el tablero, y nosotros las fichas, cabe suponer que de antropófagos todos tenemos un poco, ya que el parchís es un juego lleno de peligros, donde los unos se comen a los otros y los otros se devoran a los unos. Pero esto no debería apenarnos. En el fondo es humano y, por tanto, terriblemente beneficioso para la evolución de la especie.

Sólo un consejo, no hay que comerse a los enemigos sin conocer su estado de salud. Nada más peligroso que engullir al prójimo a tontas y a locas. Se han dado casos de infecciones que podían haber sido evitadas de haber sido menos impacientes. Antes de comerse a nadie hay que comprobar que está sano. Es fácil: basta con mirar si el fondo de ojo tiene su color natural y la pupila el diámetro correcto (cualquier sustancia ajena que dilate una pupila puede sentar mal). Comprobado esto, al lio. ¡Hay tanto imbécil que lo está pidiendo a gritos!