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1999. Jueves, 12 abril, 2012

 
Capítulo Milésimo noningentésimo nonagésimo noveno: "Cuando tiene que decidir el corazón es mejor que decida la cabeza”. (Enrique Jardiel Poncela, 1901-1952; escritor español)

Si hay un momento en el que se pone en evidencia lo indecisos que somos ése es cuando compramos el pan. «Deme una barra, que no esté muy doradita, eh…" Y la pobre dependiente: “¿Ésta?, No. ¿Ésta? No, la de al lado. No, ésa no, que está un poco…”

Pensaba yo que era una forma de tocarle las narices a la dependienta.. pero no, es que somos así. Si no hay dependienta hacemos lo mismo. Merece la pena pararse dos minutos frente a la panadería de los mercadonas -autoservicio ella- justo después de que llegue a la estantería una nueva remesa de barras de pan recién hechas (que una empleada con un gorrito tan reluciente que podías confundir con un gusiluz coloca) para darse cuenta de la indecisión que nos domina, buscan, tocan, rebuscan, retocan y después de haber manoseado unas veinte acaba cogiendo la primera que apretaron creyendo que sí, que !por fin! han encontrado la barra de pan perfecta. Digo yo que está bien que en ciertas cuestiones, como buscar una pareja -estable o mediopensionista-, por ejemplo, uno busque, toque, rebusque y retoque (y cuanto más mejor), pero !coñe! estamos hablando de un trozo de pan.. no de apretar el botón nuclear.