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2016. Miércoles, 9 mayo, 2012

 
Capítulo Dosmilésimo decimosexto: “Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas" (Mariano José de Larra, 1809 -1837; escritor español)

Pocas hay tan sobrevaloradas como leer libros. La lectura es un vicio muy extendido que destruye vista, economía y rabadilla. Afortunadamente gracias a internet y a otras medidas profilácticas como la televisión, la lectura esté dejando de ser el terrible mal endémico de hace unas décadas.

Antiguamente combatían las epidemias de lecturas como lo hacían con el muermo y otras herejías; es decir, con el fuego purificador del libro y lector. Actualmente hay otros sistemas más sofisticados de acuerdo a las modernas ciencias de la domesticación sublunar, que van desde el aumento paulatino e irrefrenable del precio de los libros hasta la obligación de comerse las vocales a quienes sean sorprendidos en tan nefasto vicio del pensamiento. La lectura, en fin, destruye la familia, desciende las cotizaciones de la bolsa, aumenta la circulación fiduciaria (sea eso lo que sea) y predispone a los jóvenes a la droga y a la fatiga visual y de la mente.

Los libreros y los editores son dípteros que propagan el mal, y por ello, para evitar epidemias peligrosas para la colectividad, deben ser lapidados hasta su muerte con libros de bolsillo y grandes fascículos encuadernados en cartoné.