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2018. Viernes, 11 mayo, 2012

 
Capítulo Dosmilésimo decimoctavo: “No basta con querer, también hay que actuar” (Johann W. Goethe, 1749-1832; dramaturgo)

Por más estudios que saquen no es verdad que ser guapo sea una cualidad que ayude a ligar. Por lo menos no siempre. Sin ir más lejos se puede advertir un hecho: la mayoría de los políticos españoles físicamente son un puro desastre. No importa que uno sea feo, que tenga la frente estrechita, que mida un metro cincuenta con chepa incluida, que sea cetrino y cejijunto, y hasta que posean un talante agarbanzado. Tipos así pueden llegar a ministro y eso no les impide que cuando hablan de la coyuntura, señoras/os y/o señoritas/os de buen ver estén dispuestas a creerles; que cuando dictaminan sobre algo, exuberantes señoras/os y/o señoritas/os les den la razón; o que cuando inauguran un tinglado cualquiera, lozanas señoras/os y/o señoritas/os perfectamente colocadas a su lado aplaudan a rabiar.

Debe de ser lo que llaman erótica del poder que, en términos simples, significa que cuando un señor coge un buen puesto de mandamás adquiere una patina sexual en la papada y un magnetismo misterioso en su calva que lo convierten en una fiera para una señora/o y/o señorita/o que hasta entonces no sabían ni que existía.

Entre manejar dinero (sobre todo si es el de los demás) y el bajo vientre parece que se extiende un hilo directo.