. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

2168. Jueves, 7 febrero, 2013

 
Capítulo Dosmilésimo centésimo sexagésimo octavo: "Barra libre en mi casa hoy a partir de las 10 horas. Todos están cordialmente invitados, solo traiga una escoba y barra libre por toda la casa" (Carlos G, 37 años, economista)

Intento desayunar. Saco el cartón de la nevera, me llama la atención lo curioso del mecanismo del abrefácil y, por aquello de hacer algo distinto a lo habitual a esas horas (o a cualquier otra), pienso.

¿Cómo puede hacerse rico un tío que lo único que hizo fue levantar la esquina de un cartón de leche y pintarle unas rayitas? ¡Los hay con suerte!