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2197. Jueves, 21 marzo, 2013

 
Capítulo Dosmilésimo centésimo nonagésimo séptimo: "Las conductas, como las enfermedades, se contagian de unos a otros” ( Francis Bacon, 1561 - 1626; político inglés)

Tenía yo un profesor de esos que, además de pasarse media vida subiéndose los calcetines y conducir a sus -por lo menos- ciento veinte años un deportivo rojo, era capaz de resumir todo el enciclopédico "saber humano" en dos escuetas frases.

La primera tenía su lógica y la verdad es que no comprometía a nada; siempre la decía muy serio mientras se pellizcaba su única ceja (que en algún prehistórico momento debió de estar dividida en dos). Levantando la mano y sentenciaba -sin cambiar ni una sola palabra por mucho que ya la hubiera repetido antes-: "señores, (pausa grave), por comer chocolate no salen granos, pero si cuando comen chocolate a ustedes les salen granos.. ¡coño! no coman chocolate".

La segunda afirmación era igual de aplastante aunque me temo que los adelantos de la "técnica" la han hecho envejecer de mala manera. Era la frase que decía cuando se enfadaba, la frase que gritaba, la frase con la que se podía anunciar el día del juicio final, era, en definitiva, su gran frase. A todo pulmón y envuelto en el aire solemne que le daba ser "el catedrático emérito más antiguo de esta universidad" (y del mundo, diría yo) sentenciaba: "señores (una pausa doble de la anterior), siempre que tengan delante a una mujer con edad de merecer que no menstrúe, sea puta o sea monja, no se dejen engañar, está embarazada".

Como decía el otro: "si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez. La elegancia déjasela al sastre".

Y servidor que se va de vacaciones hasta el 2 de abril. Buenos días para todos.