. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

2201. Viernes, 5 abril, 2013

 
Capítulo Dosmilésimo ducentésimo primero: "El progreso se debe a hombres vagos en busca de formas más fáciles de hacer las cosas." (Robert Anson Heinlein, 1907 - 1988; escritor estadounidense)

Cada vez que llega la época de apareamiento, la serpiente más grande del mundo, conocida entre sus más íntimos como "eunectes murinus", y por el resto de la humanidad como anaconda, se enrolla, -y en este caso lo de enrollarse es literal- con una docena de machos para formar lo que se conoce como "bola de reproducción", una desenfrenada orgia que viene a durar entre dos y cuatro semanas y en la que todos participan con todos y de todos.

No sé, pero de pronto me he acordado de aquel chiste, muy malo él, que decía algo así como: -Mamá, ¿cómo es que tú eres blanca, mi papá negro y yo de piel amarilla? - ¡Ayyy, hijito! Si supieras que fiesta hubo aquel día.. ¡deberías alegrarte de no ladrar!

Ni sana ni leches. Envidia, mucha envidia, y de la mala que me entran a mí con estas cosas. Unos tanto y otros tan poco.