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2206. Viernes, 12 abril, 2013

 
Capítulo Dosmilésimo ducentésimo sexto: "Actuamos como si el lujo y la comodidad fueran lo más importante en la vida, cuando lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo cual entusiasmarnos" (Charles Kingsley, 1819 - 1875; novelista inglés)

En la China se excitan con los pies pequeños, en África con las nalgas y en Japón con las nucas. Sin embargo, y por estas haciendas del muy civilizado occidente, el primer lugar de las encuestas dedicadas a conocer los gustos de los varones heteros lo ocupan los pechos femeninos. Incluso Freud, tan preocupado el hombre por estas cosas, lo situó en lo más alto de su clasificación.

¿Razones? Pues existen tantas como pensadores se han dedicado a teorizar con el asunto. Sin embargo no deja de tener su aquel –poesía incluida- aquella que explica que los pechos femeninos han ido evolucionando hasta convertirse en un precioso balcón que cumple con la misma función de atracción que el trasero de un babuino hembra. Los defensores de la teoría, encabezados por el psicólogo Michael Perry, afirman rotundos: “a diferencia de los monos, una mujer camina erguida, por lo que necesita tener sus atributos de frente”.

Servidor, como es obvio, nada tiene que opinar en tan maleable tema. Ni ganas. Hasta el lunes pues.