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2210. Jueves, 18 abril, 2013

 
Capítulo Dosmilésimo ducentésimo décimo: "Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada". (Proverbio árabe)

Tienen un gran valor nutritivo, son una fuente de proteínas de alto componente biológico, en ellos abundan los lípidos, y contienen una cantidad considerable de vitaminas y minerales; además resultan digestivos, versátiles, baratos y, sobre todo, fáciles, muy fáciles, de conseguir. Por eso va, otra vez, de huevos. Y como seguimos mirando de reojo la crisis y buscando el ahorro a toda costa, hoy, en peluchepráctico, “cómo hacer huevos revueltos en casa sin gastar un euro".

Ingredientes: huevos (los vecinos pueden –y deben- estar para algo más que molestarte intentando subir contigo en el ascensor), agua, y alcohol de 95 (¡del vecino, del vecino!)

Instrucciones de uso: se cascan en un recipiente, se cubren con el alcohol y se revuelven hasta que quede una pasta parecida a la de los huevos revueltos tradicionales. Se deja reposar algunos minutos y se coloca la mezcla resultante en un colador. Se vierte sobre ella un buen chorro de agua caliente para eliminar el alcohol… y ya están listos para comer.

Y no es ningún truco de magia. Cualquier proceso de freír o cocinar un huevo consiste (momento librogordodepetete) en aplicar calor para desnaturalizar sus proteínas (especialmente de la albúmina) y conseguir que los filamentos de aminoácidos que las componen se desenrollen entre sí. Al aplicar alcohol ocurre exactamente lo mismo.

De todas formas, en lo que si deberíamos de tener un poco de cuidado es en que el vecino fuera de confianza. Al fin y al cabo, nos vamos a llevar sus huevos a la boca y puede que no los tenga precisamente frescos. Aunque, como a buen hambre no hay pan duro, siempre nos quedaría ponerles sal para disimular; y en último extremo ketchup…¿quién no tiene alguna(s) bolsita(s) de cuando estuvo en el burguer? Seguro que hasta el vecino tiene.