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2214. Miércoles, 24 abril, 2013

 
Capítulo Dosmilésimo ducentésimo decimocuarto: "Hasta que me liberé de mis hermanos mayores y empecé el cole, creía que me llamaba "cállate". (Rodney Dangerfield, 1921-2004; actor estadounidense)

Hablan mucho últimamente de esos antros de pecado, desenfreno y disipación que son los burger. Les echan la culpa de los siete males alimenticios y tampoco es eso. Alguien tiene que reivindicarlos.

A ver, es verdad que los niños cada vez están más gordos, nada de que están algo pasadetes de peso o que le sobran unos kilitos (diminutivo o no, un kilo siempre va a pesar un kilo), no, cada vez están más gordos, pero gordos, gordos, (y ya sabemos que para que te crean no hay nada como repetir las cosas dos veces... no hay color entre decir “este tío es gilipollas” que decir “este tío es gilipollas, pero gilipollas, gilipollas”), pues eso, gordos, gordos. Pero es aquí cuando aparece el político de turno y no se le ocurre otra cosa que echarle la culpa a los burgerskings. Pues no oiga, no, salga usted más y verá que eso es mentira. Basta ir a cualquier pueblo en el que no hayan visto un macdonals en su vida para encontrar niños gordos, pero gordos, gordos, niños que parecen estar compitiendo con el marrano de la matanza en un concurso para ver quien engorda más en menos tiempo... aunque el final de uno y de otro no vaya a ser el mismo. Por ahora, que con esto de la crisis nunca se sabe.