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2215. Jueves, 25 abril, 2013

 
Capítulo Dosmilésimo ducentésimo decimoquinto: “Una lengua aguda es el único instrumento de corte que se afila por el uso constante”. (Washington Irving,1783-1859; escritor estadounidense)

Mujeres Tarzán: dícese de aquellas señoras y/o señoritas acostumbradas a ir por la vida de relación en relación igual que Tarzán va de liana en liana. Es decir, nunca están sin agarrarse a una, pero hay momentos en los que se sujetan de dos a la vez.

Su mecanismo de funcionamiento es más o menos el mismo en todas. Están las susodichas balanceándose tranquilamente en una, bien agarradas a la liana de ese momento con las dos manos, de repente ven otra que tiene mejor pinta, sueltan una mano, agarran la de mejor pinta, prueban a ver si está bien tensa, comprueban bien su resistencia y, sólo cuando están seguras que la segunda es mejor que la primera, sueltan la otra mano y pasan a agarrar la segunda con ambas manos. Es decir, que en ningún momento están sin ninguna, peeeeeeero habrá un espacio de tiempo en el que tengan dos. Espacio que será más o menos largo en función del tiempo tarde la interfecta (¡qué me gusta interfecta!) en calcular ventajas e inconvenientes del cambio.

Una situación que, por cierto, también suele ser muy habitual (me han contado) en aquellos individuos de sexo masculino que presentan cierta tendencia bujarra. Aunque, dada la seriedad y el intachable sentido moral que siempre ha acreditado este blog, y con el único fin de evitar susceptibilidades, el autor se compromete a explicar a todos aquellos interesados que pertenezcan a este grupo (en privado), el mecanismo por el que se pueden tener dos lianas agarradas a la vez. Y de una forma práctica, detallada y completa.

Por la cultura, lo que sea.