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2250. Martes, 18 junio, 2013

 
Capítulo Dosmilésimo ducentésimo quincuagésimo: " Quieres un buen consejo para tu éxito en la vida? Ayuda a los otros a sujetarse la careta”. (León Daudí, 1905-1985; escritor español)

El infierno, ese lugar inhóspito donde los condenados sufren castigo eterno después de la muerte, ha sido representado en la historia del arte por diferentes iconografías, desde El Jardín de las Delicias de El Bosco o La Divina Comedia de Dante, a la autopista de los AC/DC o South Park.

Pero, sin duda, es el ambiente laboral quien mejor ha imaginado las infinitas combinaciones de tortura, sufrimiento y dolor. El peor infierno debería estar representado por un día perpetuo con jefes chonipoligoneros, empleados tragando saliva, un público vocinglero y gañán ("¡tienes que hacer lo que a mí me dé la gana que para eso te estoy pagando yo con mis impuestos!") al que atender, y todos ellos fustigados por los aires botijeros de la mala leche que se nos pone al mundomundial en los comienzos de semana.

Por lo menos en el infierno de South Park, Sadam Husein se la chupaba a Satán. Eso que ganaba. Aquí ni eso. (También es verdad que ni ganas, al menos por ahora)