. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

2293. Jueves, 12 septiembre, 2012

 
Capítulo Dosmilésimo ducentésimo nonagésimo tercero: “Un deportista amater es aquel que no cobra nada por practicar deporte… porque no hay nadie que pague un euro por ver cómo lo practica” (Amalio L. 34 años, tornero fresador)

Qué necesidad de leer el periódico. De verdad. Qué necesidad. Yo, ciertamente, a veces pienso, ¿te compensa? ¿De verdad que te compensa? Pues no te compensa, no te compensa. Pero claro, a mí nadie me pregunta. Yo, como si no estuviera. Pero estoy. Y estos ojitos con pestañas extra largas lo ven. Y esta boquita jugosa lo cuenta. Porque soy como un taquígrafo de la vida, que mira tú que me pongo cursi con las metáforas y entonces leo esas cosas que pasan en mi pueblo y claro me coloco en plan consumo interno y en modo subconsciente reflexológico y no sé ni que decir ya ante semejante estupidez. ¿Estamos tontos o cómo?