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2618. Miércoles, 11 marzo, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo sexcentésimo decimoctavo: “Si uno se lava las manos con agua y jabón, ¿qué sentido tiene limpiar la parte más sucia de la anatomía frotándola sólo con un papel seco?” (Mariano G. D., 43 años, parado).

A todo el mundo le gusta inventarse historias sobre lo que pasa una vez que te has muerto. Que tampoco es raro, principalmente porque lo de morirse tiene pinta de ser algo completamente diferente a todo lo que uno ha vivido, y eso es algo que  genera algo que todos tenemos: curiosidad, una curiosidad que, además, siempre responde a una necesidad mayor: la de contarlo.

Es decir, si tú no puedes contar algo muy guay que te ha pasado, ya no es guay. A ver quien, por ejemplo, se tira un día en paracaídas y no pide que le hagan un vídeo para poder enseñarlo (por más que no le importe a nadie) o, y ya que estamos hablando de tirar, cae un famoso y se resiste a contarlo (y si es en la tele, mejor).

En cambio, si uno se muere, ¿qué es lo único que no puede hacer?: contarlo. Por eso a la gente no le gusta morirse. Que digo yo que si uno pudiera palmarla y luego volver para explicar cómo es, más de cuatro estarían todo el día de telecinco al másallá y del másallá a telecinco. Por decir algo..