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2670. Viernes, 5 junio, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo sexcentésimo septuagésimo: “La mente que se abre a una buena idea, jamás volverá a su tamaño original". (Albert Einstein,1879 - 1955; físico alemán).

Nadie duda de lo importante que es la publicidad para todo. Una de las más efectivas es la publicidad subliminal: aquella en la que sutilmente dejas caer todas las propiedades del producto que te interesa encasquetar al consumidor pero sin ofrecerlo directamente.

Un ejemplo. Ves a un potencial cliente en la barra de un bar. Te acercas y le dices:" hola, ¿te importa guardarme el sitio?, es que me acaban de llamar de la residencia de ancianos -donde trabajo de voluntario- porque el porche que le dejé al señor Gutiérrez ha pinchado una rueda mientras se daba una vuelta y tengo que ir a cambiarla, así, de paso, recojo a mi sobrinito de dos años para dejarlo en el hospital y que le hagan unas pruebas porque sospechamos que el pobre tiene leucemia.. solo será un momento. ¿No te importa no? Ah, sí, toma, te dejo aquí un billete de 100 euros -es que no llevo nada suelto encima- y me pides una cocacola porque no bebo alcohol que eso perjudica mi rendimiento cuando corro maratones. Gracias ¿eh? vuelvo enseguida".

El cliente capta el mensaje: que está delante de un producto, -tú o una parte de ti-, que es un tío sano, solidario, deportista y, sobre todo, forrado. Algo que evidentemente anulará las evidentes deficiencias físicas acumuladas con los años y que, mostradas a lo bruto, nadie compraría.

!Qué haríamos sin el márketing!