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2671. Lunes, 8 junio, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo sexcentésimo septuagésimo primero: “En un país bien gobernado debe inspirar vergüenza la pobreza. En un país mal gobernado debe inspirar vergüenza la riqueza”. (Confucio, 551-479 a.C.; pensador chino).

Eres pobre como la mayoría y no tienes garaje. El coche lleva nueve horas a la solana cerrado todo lo herméticamente que se puede. Abres la puerta y te llevas una hostia en forma de aire caliente que te tumba de espaldas, pero claro, tienes prisa y no puedes esperar diez minutos a que el coche se ventile un poco, no, te armas de valor, te subes al coche y cierras la puerta, con dos cojones.

Pero ya no es solo el calor de dentro del coche, es que el volante, el pomo del cambio de marchas y la palanca del freno de mano están al rojo vivo, que si te pillan con un martillo y un yunque a mano te puedes forjar una espada con el freno de mano. Pero sigues con la prisa y arrancas, vas cambiando las marchas como si te diera miedo, así, como muy rápido, y con el volante pasándotelo de una mano a otra haciendo malabarismos.

Una idea. Salir diez minutos antes de casa, entrar al coche en bolas, !ojo! con una toalla que proteja de las quemaduras las partes nobles, y aprovechar las circunstancias para darse una sesión de sauna finlandesa en toda regla. Y gratis.