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2684. Jueves, 25 junio, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo sexcentésimo octogésimo cuarto: “No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va”. (Lucio Anneo Séneca, 4 a. C. 65 d. C.; filósofo romano).

No nos engañemos, lo de que somos dueños de nuestra vida es una autentica mentira. Desde que nos levantamos estamos en manos de un cerebro que va a su bola y que no controlamos ni de lejos. Los latidos del corazón, la respiración o las ganas de cagar son cosas que decide nuestro cerebro cuando le sale de ahí y sin darnos ninguna explicación.

Lo de hacerdecuerpo, por ejemplo, es de traca. Puedes estar todo el día con ganas de soltar lastre y a punto de reventar. Da igual. Si el cerebro no da la orden no hay evacuación posible. Sin embargo, es entrar por la puerta de casa y aquello se pone en funcionamiento a toda máquina. Dicen los psicólogos –que de cagadas saben un rato- que es porque al cerebro le gusta hacer este tipo de cosas cuando está tranquilo y relajado. Que digo yo que, si tienen razón, se te quitan las ganas de ir a un spa o al menos de meterte en la piscina con burbujitas no sea que el cerebro se dé cuenta del ambiente relajado y acabe metiéndote en un marrón. Nunca mejor dicho.