. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

2702. Martes, 21 julio, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo septingentésimo segundo: “Hasta las bacterias funcionan por consenso”. (Eduardo Punset, 1936, comunicador español).

Aunque es evidente que, por ejemplo, el fuego se descubre y la rueda se inventa, hay quien no tiene muy clara la diferencia entre descubrir e inventar.

Y la mejor manera de distinguir una cosa de otra es, sin duda, explicarlo de una forma didáctica mediante ejemplos cotidianos. Si tú llegas un día a tu casa y te encuentras a tu pareja en la cama haciendo lubricidades con alguien, eso es un descubrimiento: descubres que te están poniendo los cuernos; en cambio, aquello que te va a contar tu pareja para excusarse en ese momento, eso es un invento. Es más, a partir de ahí la pareja momentánea de tu pareja -que no eres tú-, puede hacer uso de otro invento, la ventana, y usar un descubrimiento, la gravedad para salir de la incómoda situación.

Siempre que las cosas se exponen con ejemplos cotidianos de por medio prestamos mucha más atención. Si en los colegios del mundo explicaran las cosas así, todos seríamos licenciados con matrículas de honor. Mínimo.