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2733. Viernes, 25 septiembre, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo septingentésimo trigésimo tercero: "Todos necesitamos de horas vacías en nuestras vidas, o no tendremos tiempo para crear o soñar". (Robert Coles, 1929, psiquiatra estadounidense).

Cada vez que uno ve una peliporno americana nota algo raro. Y no es la cuestión de tamaño, que ahí hay pocas diferencias (?), sino en lo del prepucio. En los EE.UU tres de cada cuatro hombres no lo tienen. Están circuncidados. Y los motivos para que esta práctica propia de culturas islámicas y judaicas sea tan frecuente en ese país es del señor de los cereales Kellogs. En el siglo XIX -la circuncisión era entonces algo solo judío y minoritario- los médicos estaban convencidos que la masturbación, ese ritual de amor a uno mismo que todos aprendemos y vamos consolidando con el tiempo, era el responsable de causar locura, ceguera, impotencia, epilepsia y un largo etcétera.

Para atacar lo que catalogaban como "flagelo de la masturbación" el doctor John Harvey Kellogg, uno de los impulsores de la cruzada contra la "epidemia", promovió dos remedios infalibles. Por un lado la circuncisión deserie, que debía de ser realizada sin anestesia ya que "el dolor de la operación tendrá un efecto saludable para la mente, especialmente si está asociado a la idea de un castigo". Por otra, promocionando alimentos alejados del "pecado". Kellogs creía que uno se excitaba comiendo alimentos con sabores fuertes, como lo picante; y creía que se podía prevenir la "tentación" con una dieta de sabores neutros como los cereales.

Y por aquí con el prepucio, el pucio y el postpucio intacto y hartándonos a galletasmaria y sobaosmartinez. Si es que somos una panda de degenerados.