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2760. Miércoles, 4 noviembre, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo septingentésimo sexagésimo: “No basta con tolerar. Hay que hacer el viaje de nuestra mente hacia la mente ajena, y vivir dentro de ella lo suficiente para que, al salir, ya no seamos otra vez los mismos”. (Sergio Ramírez, 1942; escritor nicaragüense).

En las rupturas de pareja hay una ristra de típicas frases con las que intentar conseguir un impacto menor a la persona que le estas pegando la patada. Están las autodespreciativas: “eres demasiado bueno para mí”, el “tú te mereces algo mejor”, o el muy apañado “no puedo aguantar la presión de estar con alguien tan bueno como tú”. También están las lastimosas: “no quiero hacerte daño”, “esto me duele más a ti que a mí”, “me importas demasiado como para no tratarte como te mereces”, o el siempre socorrido “estoy seguro que en el futuro me arrepentiré de esta decisión”. Por último están las más usadas, las exculpatorias: “no es por ti es por mí”, “no eres tú soy yo”, o el “tú eres genial el problema lo tengo yo”. Que en realidad lo que quieren decir es, a ver, no es por mí, yo molo, es por ti que eres un muermo, no soy yo eres tú que le caes mal a mis amigos o, directamente, me he dado cuenta de que soy genial y es un problema que los demás me vean con alguien como tú.

Y para rematar está la coletilla que tantas veces ponen al final: “es que no quiero perderte como amigo”, un verdadero mazazo para quien la escucha porque al fin y al cabo lo que te están diciendo es que sí, que te consideran buena persona y tal… pero no quieren volver a coitear contigo.

Y eso, si te sigue apeteciendo, molesta. Y mucho.