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2778. Martes, 1 diciembre, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo septingentésimo septuagésimo octavo: "Lo importante no es convencer, sino estimular la reflexión”. (Bernard Werber Bernard Werber, 1961; filósofo francés).

Un smartphone se podría definir como un teléfono que sirve para cualquier cosa menos para llamar. Bueno, sí, a lo mejor para llamar también sirve, pero de todas las funciones del cacharro esa es, de lejos, la menos importante.

A quien tiene uno se le reconoce fácilmente. Por sus pulgares, más ágiles, más rápidos, más potentes y más ultramusculados, también por esa costumbre de mirar el teléfono –como los enamorados y/o los camellos- 20 veces por minuto, pero sobre todo se le reconoce porque una de las vértebras de su espina dorsal -la del cuello- ha empezado a volverse curva, algo que les debe impedir poder mirar hacia arriba y la causa por la están siempre con la cabeza agachada, en el metro, en la parada del autobús, mientras comen, mientras cagan, mientras hablas con ellos.. Que no hay cosa más absurda que estar hablando con alguien y que esté todo el rato venga a mirar su móvil; que dan ganas de decirles: oye, si quieres te mando una foto al teléfono y así puedes verme la cara mientras hablamos. Qué menos.