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2782. Lunes, 7 diciembre, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo septingentésimo octogésimo segundo: " Mi sueño es el de Picasso; tener mucho dinero para vivir tranquilo como los pobres” (Fernando Sabater, 1947; filósofo español).

Lo que se le pasa por la cabeza a alguien que se ponga a decorar un árbol de navidad es un misterio insondable ¿a qué viene ponerle -a modo de bufanda- espumillón de colorines metalizados que queda más hortera que llevar mechascalifiornianas? Y las luces, antes molaban más. Eran un equipo, se fundía una y dejaban de funcionar todas; ahora son, como los tiempos que corren, individualistas, no hay solidaridad entre ellas, no tienen la más mínima empatía, se funde una y las demás siguen ahí con una indiferencia que da miedo. Y claro así ya no las cambian. Y como encima les ponen ritmos de esos que se encienden y se apagan, las más desfavorecidas se vuelven invisibles y pasan completamente desapercibidas.

Menos mal que siempre nos quedarán las bolas. Porque las bolas brillantes de navidad sí que molan. Que cuando te miras en ellas son lo más parecido a esos espejos mágicos de los parque de atracciones en los que al mirarte se te pone cara de pez globo. !A ver quién se resiste a eso!