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2789. Jueves, 17 diciembre, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo septingentésimo octogésimo noveno: “¿Qué no pensamos en el mañana?, ¿qué no pensamos en el mañana? Mentira. ¿Cómo pueden decir que no pensamos en el mañana si estamos todo el día: mañana lo hago, mañana lo hago” (Sergio, M, 27 años; estudiante).

Los filósofos de nuestra historia mantienen que la lucha centenaria contra los invasores aglutinó el germen de España y fraguó la unificación de sus cinco reinos. Mentira, ninguna guerra, ningún jefe con coraza, ni siquiera la selección futbolera de las hazañas internacionales han logrado unir a un territorio tan dividido como este en el que cada uno tiene la manía de ir por su lado.

En cambio, llega el 22 de diciembre y un milagro unifica a los aristócratas con los arrieros, a los quinceemes con los consejerosdelegados, al probo menestral con el catedrático de cienciasexactas, al tiraflechas colombiano con la señoradolores de Calatayud, a todos. La unidad de los hombres y tierras de España se hace evidente ante la Lotería de Navidad, porque pocas cosas hay más unánimes e igualitarias que la admisión civilizada de lo repartido que está el premio y lo necesitada que estaba la gente a la que le ha tocado. Y como el gordo suele ser democrático y cae siempre en una pollería, luego salen los parroquianos en los telediarios descorchando una botella de sidra con los ojos espantados recibiendo la felicitación de banqueros, notarios, jubilados y los basureros que en ese momento pasaban por allí.

El Gordo de Navidad es uno de los valores de nuestra historia sin el cual carece de explicación razonable la unidad de destino en lo universal. Ni docedeoctubre ni leches, el 22 de diciembre tendría que declarase fiesta nacional de precepto para celebrar como se merece el día del santo gordo.