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2610. Viernes, 27 febrero, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo sexcentésimo décimo: "- ¿De dónde vienes? - De hacerme un tatuaje en la polla. - ¿Puedo verlo? - Claro. -No veo nada. - Es tinta mágica, tienes que pasarle la lengua. -Voy.”

Según "piensan" (y lo de pensar entre comillas) millones de personas, al hombre (personahumana) lo creo un señor muy majo que tenía un jardín muy currado allá arriba en los cielos (del que por cierto nos echó). Y al buen hombre no se le ocurrió otra cosa que crearnos con barro (rollo alfanova), que digo yo, ¿qué le hubiera costado a un señor todo sabiduría currarse un poco la materia prima? Luego dicen que la vida humana es muy frágil, ¡coño!, ¡normal!, si nos hubieran hecho de acero inoxidable o, ya puestos a pedir, de adamantium, no seríamos así de enclenques, pero claro, no, él a lo barato y a lo fácil, de barro. Ya le vale.

Pero lo peor de todo es que al señor simpático no se le ocurrió otra cosa que ponernos fecha de caducidad y, para rematar, que lleguemos a ella envejeciendo, pero envejeciendo a lo bruto con nocturnidad y alevosía. Solo así se explica que cuando, con el paso de los años, uno deja de ser deseado, no desaparezca también el propio deseo. A partir de cierta edad eso es hacernos sufrir a lo tonto. Y mucho.