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2796. Jueves, 7 enero, 2016

 
Capítulo Dosmilésimo septingentésimo nonagésimo sexto: “La pérdida de nuestras ilusiones es la única pérdida de la que nunca nos recobramos". (Marie Louise de la Ramée, 1839-1908, novelista británica).

Después de darle muchas vueltas creo haber solucionado un gran enigma navideño, otro, de los que me ha estado atormentando durante años. Por fin creo saber por qué los Reyes Magos nunca me trajeron la mayoría de las cosas que les pedía en las cartas, algo que yo achacaba siempre a vivir en un barrio periférico donde, al ser de los últimos que visitaban sus majestades, venían ya algo perjudicados (a poco que se hubieran bebido la mitad de las copitas que les habían colocado en las casas que visitaran antes), lo que haría, lógicamente, que no estuvieran ya en sus mejores condiciones de coordinación y se liaran un pocobastante.

Pero la explicación es mucho más fácil y no sé cómo no se me ha ocurrido antes. Es de pura lógica; ellos, tan de oriente como son, lógicamente no tenían ni idea de español, lo que sin duda hizo que, año tras año tradujeran la palabra "bicicleta" como "calcetines" o la de "cinexin" como "pijama" cuando en ningún renglón de la carta aparecían cosas semejantes.

Vamos, que no fue un capricho de sus majestades, sino simplemente una mala interpretación lingüística.