. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

2849. Jueves, 31 marzo, 2016

 
Capítulo Dosmilésimo octingentésimo cuadragésimo noveno: “Nunca me he desprendido de la infancia, y eso se paga caro. La inocencia es un lujo que uno no se puede permitir y del que te quieren despertar a bofetadas". (Ana Mª Matute, 1925-2014, novelista española).

La idea ya la expuse hace tiempo, pero ni putocaso. Aprovechando que todo esta que si sí que si no, vuelvo a la carga. Decía yo que si a los presupuestos generales del estado, que ascienden a 314.488,29 millones de euros para este año, se les quitara un milloncejo (o dos) para dárselo a un servidor; ¿es que se iba a notar? No creo que ello desequilibrara la contención del gasto público o alterara la salida de la crisis, (esa que siempre está llegando pero que nunca llega). El presupuesto se quedaba en 314.487,29 millones, que es igual, y un servidor... pues ya sentiría un alivio.

Una solución tan fácil (y que encima se la doy ya resuelta para que no tengan que hacer nada) y no son capaces de ponerla en marcha. Luego querrán que les vote. Sí, ya.